En un mundo cada vez más preocupado por la sostenibilidad y el cuidado de la salud, la industria alimentaria enfrenta el desafío de adaptarse a nuevas demandas sin comprometer la seguridad alimentaria, combinando en sus procesos de elaboración las últimas tecnologías disponibles y unos rigurosos controles sanitarios, aplicados tanto para innovar en nuevos productos como a mantener la esencia de los productos más tradicionales como, por ejemplo, la pasta.
Así se fabrica la pasta
Elaborada principalmente con sémola de trigo duro y agua, aunque con diferentes variantes —con huevo, integral, sin gluten, enriquecida…—, la pasta se presenta en innumerables formas —espaguetis, macarrones, lasaña…—, un alimento nutritivo, versátil y económico, que se clasifica en seca (larga conservación) y fresca (no secada).
A partir de estos ingredientes básicos, sémola de trigo duro y agua, y algunos opcionales, este producto se fabrica mediante un proceso industrial o artesanal bien definido:
Mezclado. La sémola se mezcla con agua en proporciones controladas hasta obtener una masa homogénea. En el caso de ser al huevo, se agregan huevos en esta etapa.
Amasado. La mezcla obtenida se amasa para, por un lado, activar el gluten, que le da estructura, firmeza y resistencia, evitando que se rompa, y ayuda a atrapar el agua y el aire y, por otra parte, lograr, a base de trabajarla una masa elástica y uniforme. Este paso es clave para que la pasta no se rompa al cocinarse.
Extrusión o laminado. En esta fase se da forma mediante la extrusión—la masa se empuja a través de moldes para hacer espaguetis, macarrones, fusilli, etc. — y el laminado, con el que la masa se estira en láminas finas para hacer lasaña, fettuccine, ravioles, etc.
Corte. La pasta se corta según el formato deseado pasta corta (penne, rigatoni), larga (espagueti, tallarines) o rellena (si aplica)
Secado. En el caso de la pasta seca, este paso, que puede durar desde horas hasta más de un día, es fundamental, ya que elimina la humedad de forma controlada, evitando así moho y prolongando la vida útil. Y si se trata de pasta fresca o bien no se seca o se hace mínimamente, por lo que su fecha de caducidad es mucho más cercana.
Enfriado. La pasta se enfría gradualmente para estabilizar su estructura y evitar condensación.
Envasado. En este último paso, finalmente la pasta se envasa en condiciones higiénicas y queda lista para su distribución y consumo.
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