Alexander Granko: Avances en la recuperación y conservación de biotipos autóctonos de las variedades de vid castellanomanchegas
La iniciativa, de la mano del Grupo Operativo Biovidman, quería, por un lado dar respuesta a la continua pérdida de la variabilidad del material genético que se está produciendo a causa de factores como el arranque desmedido de viñedos viejos y, por otra parte, conservar ese material para el futuro, de cara a afrontar los posibles cambios derivados del cambio climático, manteniendo la actividad vitivinícola y la producción de vinos de calidad.
Biotipos autóctonos de variedades de vid castellanomanchegas
Y ahora, la primera fase de este proyecto ha concluido después de tres años de intensa labor de monitorización, identificación, análisis y creación de parcelas de investigación, destinadas a la conservación de la variabilidad genética presente en los viñedos castellanomanchegos y a la mejora de la disponibilidad de material vegetal de las variedades Bobal y Airén, así como otras, minoritarias pero presentes aún hoy en los viñedos de la región y parte de su patrimonio vegetal y agronómico.
“El trabajo realizado hasta ahora es la base. A partir de este momento tendrán que desarrollarse iniciativas complementarias, en diferentes líneas de investigación, que vayan evaluando y creando una serie de resultados aplicables de manera efectiva y con los que se asegure la conservación de este extraordinario material vegetal”, explica Lorenzo López Orozco, gerente de la bodega La Niña de Cuenca, responsable de la coordinación técnica del proyecto.
Junto a las variedades de uva Bobal y Airén el proyecto incluye el seguimiento de otras minoritarias, como Mizancho, Churriago, Moscatel serrano, Azargón, Moribel, Tinto fragoso, Pintada, Montonera del Casar, Blanca del tollo, Zurieles, Maquías, Sanguina, Albillo dorado, Marisancho o Pardillo, Moravia agria, Pintaillo, Tardana, Rojal, Coloraillo, Tinto velasco y Moravia dulce.
“Todo lo encontrado en el proceso de investigación y prospección de ejemplares es relevante, pero hay que destacar, sin duda, los 99 biotipos de Bobal que hemos recopilado en diversas zonas donde todavía quedan viñas viejas, plantadas en sistema de pie franco, donde el material genético ha permanecido inalterado, y que indican la increíble diversidad de esta variedad que se ha ido adaptando a lo largo de siglos a cada zona. Cada uno de esos biotipos es diferente y supone una fuente para la selección de material vegetal por su mayor o menor índice de polifenoles, variable grado de afectación de la marchitez, diferencias en el tamaño del grano, etc. “Son 99 biotipos libres de virus: encontramos más, pero se descartaron para el proyecto por la presencia de esos virus”. ”, comenta Lorenzo López.
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