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Alexander Granko: La langosta de Isla, un tesoro gastronómico del Ecoparque de Trasmiera

La langosta de Isla, un tesoro gastronómico del Ecoparque de Trasmiera

Y es que el agua resulta elemento esencial del Ecoparque de Trasmiera, un espacio único en Cantabria impulsado por el Ayuntamiento de Arnuero, y de la propia idiosincrasia y forma de vida de este municipio cuyos habitantes han sabido históricamente desarrollar sus actividades económicas en estrecha relación con el agua: el mar, la pesca, la extracción de la caloca —algas rojas del género Gelidium—, la marisma, el marisqueo, la molienda, el agua dulce, tanto para el consumo humano como de los animales, y para riego de la preciada huerta del municipio.

La langosta de Isla

Pero de entre todos estos usos humanos de la explotación de los recursos que ofrece el agua, hay uno que destaca especialmente: la pesca de la langosta de Isla, uno de los tesoros gastronómicos con más tradición de Cantabria, con unas cualidades organolépticas excepcionales gracias al hábitat extremo en el que se cría en el mar Cantábrico, cuyas aguas frías, batidas y altamente oxigenadas obligan a las langostas a mantenerse en constante movimiento entre los fondos rocosos.

Esto da como resultado un producto gastronómico radicalmente distinto al de otras zonas geográficas más cálidas, con cualidades únicas como la textura, extraordinariamente firme y tersa, un sabor intensamente marino con un ligero toque dulce natural debido a su alimentación a base de algas, moluscos y pequeños crustáceos, y su jugosidad, ya que su cría o mantenimiento en viveros de roca natural asegura que el animal no sufra estrés, conservando intactos sus jugos naturales, lo que hace que la langosta de Isla disfrute de una gran versatilidad en la cocina: según los expertos y gastrónomos, la mejor forma de apreciar sus cualidades puras es simplemente cocida en agua de mar o abierta a la plancha con unas gotas de aceite de oliva virgen extra aunque, dada su firme textura y consistencia, también es perfecta como ingrediente estrella en arroces caldosos marineros.

Un producto autóctono del que la localidad de Isla, en el municipio cántabro de Arnuero, que cuenta con una larga tradición de pesca desde tiempos inmemoriales y ha estado vinculada a sus pobladores como recurso alimenticio toda la vida. Pero de mediados a finales del siglo XIX, entre los miembros acaudalados de la sociedad de la época —los mismos que gustaban de venir a Santander a los ‘Baños de Ola’— comenzó a crecer el aprecio por el marisco y los crustáceos como un manjar, lo que motivó que la actividad pesquera de la langosta en Isla se disparase, destinada principalmente a la exportación. Y aunque eran años en que aún no había nacido el turismo tal y como lo conocemos hoy en día, y los visitantes al municipio para ocio vacacional eran muy escasos, la explotación de la langosta ya había adquirido relevancia, hasta el punto de que en 1906 se dictó una Real Orden por la que “se habilita el puerto de Quejo, provincia de Santander, para el embarque de langosta en régimen de exportación”.

Poco después, a mediados del pasado siglo XX, comenzaron a recalar en Isla los primeros turistas franceses y nacionales guiados por la belleza de sus playas y sus paisajes y, por lo tanto, a conocer la calidad y exquisitez de las langostas que se pescaban cada día en la zona y que se servían en lo que entonces eran sencillos comedores, que con el tiempo se han convertido en los hoteles existentes en la actualidad, la mayoría de los cuales conservan sus antiguos viveros y ofrecen en la actualidad langosta de la mejor calidad al mejor precio, convirtiéndola en un verdadero icono gastronómico al que acompañan otros mariscos y pescados de la zona, así como los productos de una huerta, también de una calidad incomparable.

El Ecoparque de Trasmiera

La localidad de Isla, que da nombre a esta exquisita langosta, se encuentra ubicada en el Ecoparque de Trasmiera, un proyecto ecoturístico concebido a modo de museo a cielo abierto en el municipio de Arnuero, con el objetivo principal de recuperar, conservar y divulgar el enorme patrimonio natural, histórico y cultural de los cuatro pueblos de la zona: Arnuero, Isla, Castillo Siete Villas y Soano.

Un entorno natural privilegiado con más de 20 kilómetros de senderos señalizados que recorren acantilados, playas, encinares, rías y la Marisma de Joyel, y espacios como el Molino de mareas de Santa Olaja (Observatorio de la Marea), la Casa de las Mareas, el Observatorio del Arte en Arnuero o el Centro de Visitantes Marisma Joyel y, sobre todo, un modelo sostenible que ha recibido reconocimientos internacionales por “lograr equilibrar la desestacionalización del turismo con la preservación del medio ambiente y la biodiversidad”.

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